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No, definitivamente yo no elegí al nacer si quería ser mujer u hombre menos elegí la apariencia que tendría. Un día leí una frase de Camila Vallejo política chilena que dice así: “Es común que desvíen la atención de los temas de fondo planteando cuestiones superficiales como prioritarias. Objetivamente soy bonita y no tengo problema en decirlo, pero yo no decidí cuál iba a ser mi apariencia. Lo que sí decidí es cuál es mi proyecto político y mi trabajo con la gente»,

Merkel considerada una de las mujeres más poderosas del mundo de acuerdo a la revista Forbes recordó que durante años su corte de pelo fue objeto de discusión al menos tan importante como sus convicciones políticas, esto lo declaro en el Congreso de Empresarias de Berlín en 2012. Michelle Bachelet lo vivió durante sus dos periodos de gobierno y la lista sigue…

Tenemos tan arraigados los estereotipos de género en nuestra sociedad que nos es fácil señalar, juzgar a las mujeres y más aún si se dedican a la política desechando y desvalorando su capacidad, su inteligencia y cuestionando sus logros, con base en su apariencia física y su forma de vestir. Estos estereotipos nos impiden darnos cuenta que la capacidad e inteligencia de una mujer no se define por su apariencia. Se sigue perpetuando una vez más la idea de que las mujeres que ascienden en sus carreras no lo hacen por sus méritos, sino por su estética o por hacer “favores sexuales”.

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Las mujeres que han decidido participar en la política siguen siendo objeto de críticas en mayor o menor medida muchas de ellas disimuladas y hasta naturalizadas, son juzgadas por hombres e incluso por mujeres y es que la cultura patriarcal y misógina está presente en la sociedad. En España por ejemplo políticas como Esperanza Aguirre ex Consejal del Ayuntamiento de Madrid comento: “Me indigna que sea motivo de discusión lo que nos ponemos y cómo nos cortamos el pelo…Eso no pasa con los hombres”, el concejal del PP en Palafolls, Óscar Bermán, afirmó a Ada Colau, «en una sociedad seria y sana, estaría limpiando suelos y no de alcaldesa de Barcelona«. Sin importar el color del partido cuando quieren descalificar a las mujeres políticas hacen uso de alusiones sexuales o sus roles en el trabajo doméstico.

Pero no vamos lejos hace unos meses un conocido Diario dedico una plana a los zapatos de Blanca Alcalá dejando a un lado su capacidad y trayectoria para centrarse en la famosa suela roja de sus zapatos.

Sin embargo también estamos las mujeres que somos parte de esa camada de mujeres políticas empoderadas y decididas a romper estereotipos y cánones sociales a quienes en más de una ocasión también se nos ha menospreciada nuestra capacidad y acciones juzgándonos por nuestra apariencia, cuando debería centrarse el debate en nuestras propuestas, ideas y acciones, porque el talento, la capacidad y las ganas de servir a los demás no tiene sexo y mucho menos edad.

El debate de ideas se pierde cuando entran argumentos que no tienen nada que ver con la objetiva evaluación del ejercicio del poder y que son una muestra clara de la  falta de capacidad para tener una discusión inteligente y es donde a la mujer política esa que decidió romper esquemas y roles y se aventuró a un terreno que socialmente no era asignado para ella donde ocupa o compite por esos cargos de decisión y poder, ahí es donde se vuelve objeto de críticas y adjetivos como zorra, traidora, vieja, gorda, fea o tonta y ante este tipo de violencia política no nos queda más que unirnos caminar juntas en sororidad, exigiendo el eficaz cumplimiento de la legislación que sanciona la violencia política, a las generaciones que vienen atrás formarlas en coeducación libre de estereotipos de género que limitan el desarrollo integral de las mujeres y que nos permita formar generaciones que no le tengan miedo a una mujer como poder porque como lo clamaron quienes defendieron a Ada Colau, y nosotras las mujeres que estamos en política también lo decimos: «No hemos venido a gustar ni a ser reconocidas por nuestro físico o carácter. Estamos aquí para luchar por nuestros derechos y cuando nos tocan a una, nos tocan a todas«.

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