A 27 años: el día que los muertos sepultaron a los vivos en Teziutlán

El 5 de octubre de 1999, un deslizamiento arrasó parte de la colonia La Aurora y alcanzó el panteón municipal.

El 5 de octubre de 1999, un alud arrasó parte de la colonia La Aurora y alcanzó el panteón municipal. CENAPRED documentó 110 personas fallecidas en uno de los episodios más trágicos en la historia de Teziutlán.

Teziutlán, Pue.- David Tomás Acosta salió de su casa para comprar comida. Cuando regresó, había perdido a 16 integrantes de su familia.

Era el 5 de octubre de 1999. Después de varios días de lluvias intensas, el suelo estaba saturado y los deslaves comenzaban a multiplicarse en distintos puntos de la Sierra Norte y Nororiental de Puebla.

Aquella mañana, una enorme masa de tierra se desprendió sobre la colonia La Aurora, ubicada debajo del panteón municipal. En cuestión de minutos arrasó viviendas y sepultó a familias enteras.

David sobrevivió porque se encontraba fuera.

El alud también alcanzó el cementerio. La fuerza del material removió sepulturas y arrastró restos humanos junto con lodo, piedras, árboles y escombros hacia la colonia.

La escena dio origen a una expresión que quedó ligada para siempre a aquel 5 de octubre: “los muertos sepultaron a los vivos”.

Sobrevivientes relataron posteriormente haber escuchado un fuerte estruendo antes de ver descender el material sobre las viviendas. Después comenzaron los gritos y la búsqueda de personas atrapadas.

La cantidad de agua acumulada ayuda a dimensionar las condiciones de aquellos días. Estudios posteriores registraron alrededor de 660 milímetros de precipitación en Teziutlán entre el 4 y 5 de octubre, cerca del 42 por ciento de su promedio anual.

Vecinos, cuerpos de emergencia, voluntarios y elementos del Ejército participaron en las labores de búsqueda y recuperación entre el lodo y los restos de las casas.

El Centro Nacional de Prevención de Desastres documentó posteriormente 110 fallecimientos en La Aurora.

Además de las pérdidas humanas, numerosas familias quedaron sin vivienda y otras ya no pudieron regresar a zonas consideradas de riesgo, lo que derivó en posteriores procesos de reubicación.

Han pasado 27 años.

Teziutlán cambió y muchas de las huellas físicas de aquel octubre desaparecieron con el tiempo. La memoria de La Aurora, sin embargo, permanece entre sobrevivientes y familias que perdieron a sus seres queridos.

También permanece la historia de David Tomás Acosta, cuya salida cotidiana al mercado terminó marcando la diferencia entre estar o no en casa cuando ocurrió el desastre.

Y permanece una frase que resume una de las imágenes más dolorosas de aquel 5 de octubre de 1999:

“Los muertos sepultaron a los vivos”.

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