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Se cumplen 27 años de uno de los peores desastres en la Sierra poblana
Lluvias extraordinarias provocaron deslaves, inundaciones y destrucción en municipios de la Sierra Norte y Nororiental; cientos de personas perdieron la vida.
Lluvias extraordinarias provocaron deslaves, inundaciones y destrucción en municipios de la Sierra Norte y Nororiental; cientos de personas perdieron la vida.
Octubre de 1999 quedó marcado como uno de los capítulos más dolorosos en la historia reciente de la Sierra poblana. Hace 27 años, lluvias extraordinarias saturaron las montañas y desencadenaron deslaves, inundaciones y desbordamientos que dejaron comunidades incomunicadas, viviendas sepultadas y cientos de víctimas.
Las precipitaciones más intensas se registraron durante los primeros días del mes. Entre el 3 y el 6 de octubre, estaciones meteorológicas reportaron acumulados de 743 milímetros en Teziutlán y 844 milímetros en Zacapoaxtla, cantidades excepcionales concentradas en apenas cuatro días.

El 5 de octubre ocurrió uno de los episodios más trágicos. En la colonia La Aurora, en Teziutlán, un movimiento de tierra sepultó viviendas y provocó la muerte de 110 personas, de acuerdo con registros del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED).
La tragedia, sin embargo, no se limitó a Teziutlán. Diferentes puntos de la Sierra Norte y Nororiental enfrentaron movimientos de ladera, caminos destruidos, poblaciones aisladas y severos daños a viviendas e infraestructura. Investigaciones posteriores también documentaron numerosos deslizamientos y flujos asociados a las lluvias en la región de Tlatlauquitepec.

Estudios sobre aquel temporal contabilizan 263 fallecimientos relacionados con deslizamientos en la Sierra Norte de Puebla, una cifra que permite dimensionar la magnitud de un desastre que transformó comunidades enteras.
A 27 años de aquel octubre, la memoria permanece entre las familias de la región. Para quienes vivieron esos días, las lluvias de 1999 no representan solamente una fecha en el calendario: son el recuerdo de carreteras cortadas, cerros que cedieron, viviendas destruidas y vidas que cambiaron para siempre.
El desastre también dejó una lección que continúa vigente en una región caracterizada por terrenos montañosos y susceptibles a movimientos de ladera: conocer las zonas de riesgo, atender las alertas y fortalecer las medidas de prevención puede marcar la diferencia ante nuevos episodios de lluvias extraordinarias.
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