El sarampión suele comenzar como una gripe fuerte, pero con fiebre alta que puede superar los 39 grados, acompañada de tos seca, escurrimiento nasal y ojos rojos e irritados. En los primeros días también pueden aparecer pequeñas manchas blancas dentro de la boca, conocidas como manchas de Koplik, que son una señal característica de la enfermedad. Entre el tercer y quinto día surge el sarpullido rojo que inicia en la cara y detrás de las orejas, y después se extiende por el cuello, el tronco, los brazos y las piernas, mientras la fiebre puede intensificarse.

Es una enfermedad altamente contagiosa y puede agravarse, especialmente en personas no vacunadas, niños pequeños o quienes padecen enfermedades crónicas. Se debe buscar atención médica inmediata si hay dificultad para respirar, convulsiones, fiebre que no disminuye, somnolencia excesiva o signos de deshidratación. Ante cualquier sospecha, lo más importante es acudir a un centro de salud y evitar el contacto con otras personas para prevenir más contagios.