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Pues a estas fechas ni hay caminito ni nos apuramos a llegar.  Cri Cri se suicidaría.

Pero es la verdad, sin reclamos ni críticas oficiosas ni perversas. A lo mejor la autoridad educativa no tiene toda la responsabilidad, porque ni las de salud nos han podido decir cual es el futuro inmediato de esta pandemia y en consecuencia el de nuestras actividades personales y familiares en todo.

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Pero estos meses tan difíciles de aceptar, entender y resolver, nos han permitido aprendizajes que no debemos menospreciar, aunque faltan otros que todavía tenemos que terminar de aprender.

Después de varios meses, debería quedarnos claro, como padres de familia, que el mundo cambió y en muchos de sus procesos y procedimientos vitales no habrá marcha atrás, o no debemos dar marcha atrás.  Los de prevención de enfermedad, por ejemplo, uno de los más importantes y el que, menos hemos hecho caso. Los de convivencia, que nos señalan sana distancia, algo que es difícil de asimilar porque de suyo, los mexicanos somos fiesteros y pensamos en la aglomeración como síntoma de éxito.

Pero el más interesante y urgente, es que, los padres de familia deben desaprender las rutinas de responsabilidades educativas con sus hijos.  Antes de la pandemia, la mayoría de papás, entendían que sus únicas responsabilidades eran dotar de lo necesario a los hijos, dejarlos o enviarlos a tiempo a la escuela y algunos revisar cumplimiento de tareas y objetivos.

Sé que la principal desesperación en los padres es no saber que hacer con sus hijos, ahora que, los tienen tanto tiempo en casa, o los que  no saben que hacer,  porque, no pueden estar con ellos ni tienen donde dejarlos. Trabajo, pobreza o desempleo, se los impide.

Los meses que siguen, porque seguirán meses, sin que los chavos vuelvan a las escuelas, deberíamos hacer un esfuerzo por reencontrarnos con las responsabilidades completas de padres  con la educación de los hijos.

Los profes andan igual.  Muchos de ellos, escamotean su responsabilidad de superarse continuamente. Casi a todos, nos sorprendió esta etapa humana y nos obligó a dar clases a distancia, sin ser competentes para ello. Lo peor es que muchos, piensan que esto será pasajero y volveremos a la vieja normalidad, la de dar clases sin preparar anticipadamente, las de trasmitir algo de contenido de ciencia o tecnología, las de confinar a los alumnos a la pasividad contempladora y a pasar la jornada laboral, como se pueda.

Los directivos en todos sus niveles, también evidenciamos incompetencia para sugerir, vigilar y evaluar ese improvisado sistema de educación a distancia, que lo único que si cumplió fue respetar la distancia, porque solo parcialmente los objetivos educacionales

Los alumnos, totalmente confundidos, porque los mandamos a clases a distancia, pero nunca hubo tiempo para prepararlos para saber hacerlo.  No entendieron lo que hicimos, no aprendieron, muchos, a utilizar los dispositivos digitales para aprender y muchos se enojaron porque no los dejaron chatear a gusto, eso sí, más horas que las que el profe les pedía, dedicaran a clase.

La cultura digital está lejos. Aun después del tiempo, siguen preguntando que cuando daremos clases, porque eso del celular, ¨no son clases, profe¨. ¨Aquí donde vivimos no hay inertenet¨, me comentaron alumnos, sin embargo seguían chateando.  ¨No tengo dinero para comprar el cel¨, y sin embargo hasta los reyes magos se han vuelto expertos en traer celulares para jugar.

Qué difícil.  Pero más difícil que aun en vísperas del nuevo ciclo escolar, ninguno de los actores

educativos pueden definir, ni fechas, ni procesos. ¿Que dirían Piaget, Vasconcelos o el padre De la Salle?.  Vamos a la deriva y así, hay que aprender a navegar.

Y mas que la pandemia, será la campaña electoral que ya comenzó, la que obliguará a tomar definiciones, porque, aunque usted no lo crea, esta situación, afectará los resultados electorales.

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