Compartir

Ignoro cuantos de los que vivimos en Teziutlán, nacimos en Teziutlán.

Ignoro cuantos de los que vivimos en Teziutlán, lo hacemos de manera voluntaria y entusiasta.

Ignoro cuantos de los que vivimos en Teziutlán, entendemos las responsabilidades que ese honor implica.

PUBLICIDAD

Ignoro cuantos de los que vivimos en Teziutlán, nos sentimos teziutecos o nos da igual no sentirnos.

Ignoro cuantas clasificaciones de teziutecos podríamos establecer a partir de un principio básico e ineludible: apreciar esta oportunidad, integrarnos con honestidad y eficiencia a su comunidad y hacer lo que nos corresponde para acrecentar los valores de su herencia expresada en la nobleza del espíritu teziuteco, del espíritu serrano y contribuir a enriquecer el patrimonio del trabajo de todos y los frutos de su solidaridad y sus enormes potencialidades que Teziutlan nos ofrece a todos, para vivir mejor. A todos, nacidos o avecindados, porque en eso Teziutlán es más sabio que cada uno de nosotros, no niega, no regatea, no esconde ni escatima compartir lo que tiene con todos los que, aquí vivimos, independientemente de la razón por la que aquí estamos.

Conozco teziutecos, nacidos de padre y madre teziutecos, de abuelos teziutecos, que reniegan de haber nacido aquí, que desconocen a propósito sus compromisos con lo teziuteco, que dan vergüenza reconocerlos teziutecos.

Pero a pesar de eso, seguirán siendo Teziutecos.

Teziutlán en todo lo que tiene, es una excelente escuela para aprender a ser Teziutecos porque solo pide una condición para serlo: quererlo con claridad y firmeza.

Veo con tristeza que en esta campaña electoral a algunos “teziutecos” les preocupa demasiado que, algunos de los que quieren ser presidente municipal, pudieran no haber nacido aquí, a pesar de vivir aquí, por tiempos prolongados.

Que tanto tiene que ver en la gestación de un gobierno útil a los teziutecos, el solo hecho de haber nacido aquí, así hubiera sido un accidente de la vida familiar.

Esto es como el yerno que termina queriendo más a los suegros que su propia hija.

Esto es como dice la sabiduría popular que padre no es quien engendra, es quien cría.

Teziutlán es una comarca en franco crecimiento poblacional que sigue siendo polo principal de atracción de personas en una región bautizada como Sierra Nor Oriental en Puebla y en el norte del estado de Veracruz.

Mantener ese crecimiento y potencializar su desarrollo económico y social, depende de entender que ahora, las ciudades se van haciendo metropolitanas y los que llegan, abonaran en favor del progreso, tarde o temprano.

Ojala y todos los que aquí vivimos lo entendiéramos.

Esto es como la discusión norteamericana sobre los inmigrantes, que la mayoría han sido los creadores de sus enorme riqueza, aunque los nacidos en el suelo gringo, no lo reconozcan.

Porque negarnos la posibilidad de entender que uno no nacido aquí, podría no querer a Teziutlan ni a los teziutecos. Es una discusión tonta y por lo mismo inútil.

A mi no me preocupa que Corona Salazar haya nacido en Xiutetelco, o que Carlos Peredo haya nacido en Martinez de la Torre, Veracruz, o que Martín Ortuño haya nacido en Xochiapulco, Puebla. Los tres, podrían ser eficientes presidentes, a pesar de que sus padres no hayan enterrado en suelo teziuteco sus ombligos.

No es una discusión importante.

Pero para tranquilidad de todos los que quieren ver enemigos en el acta de nacimiento debo decirles, que en todas las 6 planillas que competirán para ser el próximo ayuntamiento, en todas, un promedio del 45% de sus integrantes no nacieron aquí en Teziutlán.

Y a lo mejor ahí, en ese número está su candidato preferido o su compadre o comadre que quieren ser regidores o su jefe o empleado de oficina.

Nada. No agreguemos mas divisiones a las que ya nos dividen, nos entretienen tontamente y por supuesto disminuyen la eficacia de nuestro trabajo.

Somos, diría mi abuelita, todos, iguales a los ojos de Dios.

Y de mi parte, bienvenidos los que, no habiendo nacido en Teziutlán, quieren más a Teziutlán que muchos otros “teziutecos”.

Comentarios

Comentarios