Tlatlauquitepec, Pue.- A este medio llegó un texto firmado por una docente que, con firmeza y sin rodeos, expone su inconformidad ante la suspensión de clases presenciales por las bajas temperaturas que, desde hace décadas, forman parte de la vida cotidiana en la región. En su mensaje, la maestra cuestiona la lógica de detener actividades escolares por un clima que la comunidad ha aprendido a enfrentar históricamente.
Señala que muchas generaciones crecieron asistiendo a la escuela bien abrigadas, con plástico cubriendo las mochilas y sin que ello se tradujera en un obstáculo para aprender o convivir. Por el contrario, recuerda que estas condiciones fortalecían la convivencia y la capacidad de adaptación de los estudiantes.
La docente advierte que las suspensiones constantes no protegen: interrumpen procesos pedagógicos esenciales. Pregunta con contundencia si realmente se está preparando a los alumnos para la vida cuando se cancela la actividad escolar cada vez que llueve o baja la temperatura. Además, denuncia que, pese a los recortes en el tiempo efectivo de enseñanza, las exigencias formales continúan: resultados, evidencias, festivales —incluido el anticipado “Jingle Bells”— y niveles de desempeño que suponen condiciones de normalidad.

Reclama la contradicción de pedir indicadores claros de progreso mientras se limita el espacio para lograrlos. Cada suspensión, apunta, representa retrocesos que afectan el avance académico, la motivación, el ritmo de trabajo y el acompañamiento que los alumnos requieren.
En su texto, aclara que no pretende minimizar los cuidados hacia la comunidad escolar, sino recordar que este clima ha acompañado a la región por generaciones. Por ello, considera indispensable explorar alternativas que permitan garantizar la seguridad sin detener la labor educativa. Concluye haciendo un llamado urgente a revisar los criterios actuales y a tomar decisiones más acordes con la realidad local, para evitar afectaciones innecesarias a la calidad del aprendizaje.
Así, la voz de esta maestra se suma al debate público en torno a la pertinencia de suspender clases por frío, poniendo sobre la mesa la necesidad de replantear una política que, según afirma, está desconectada del entorno que pretende proteger.




