El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, colocó nuevamente en el centro del debate la estrategia de seguridad del Gobierno federal. La presidenta Claudia Sheinbaum ha declarado públicamente que no existe un cambio de rumbo, sino la continuidad de una política que combina atención a las causas sociales de la violencia con la actuación firme del Estado frente a amenazas directas. Tras los hechos y los episodios de violencia registrados en distintos puntos del país, la mandataria informó que se reforzó la presencia de fuerzas federales y estatales, se levantaron bloqueos y se restableció la circulación en carreteras afectadas, subrayando que la prioridad es proteger a la población y mantener la estabilidad.
Al mismo tiempo, Sheinbaum ha reiterado que la estrategia no se basa únicamente en el uso de la fuerza, sino en un enfoque integral que incluye programas sociales, prevención y coordinación institucional. La pregunta que surge no es si termina una consigna, sino cómo se equilibran en la práctica la contención operativa del crimen organizado y las políticas de largo plazo para reducir su base social. El episodio representa un momento clave para medir si la combinación de firmeza operativa y atención estructural logra traducirse en una disminución sostenida de la violencia en el país.




