Sólo imagina esto:
Estas llegando a Tlatlauquitepec, tan puede recibirte la neblina a raz de suelo o bien con cielo despejado, llegas al hotel y eres recibido con una cálida sonrisa acompañada de un efusivo ¡bienvenido!, conoces tu habitación y dependiendo la hora de llegada, dispones consumir alguna vianda local.
Supongamos que es de noche y está nublado, te abrigas bien y decides salir a cenar, optas por algo estrictamente tradicional, entonces te sugieren unas garnachas, tan tradicionales y antiguas, que no hay una fecha registrada en la que se comenzó a preparar esta manduca, y allí estás, frente al anafre y comal, observando la habilidad de las señoras que las preparan, ves que por momentos sirve una patita de pollo, al otro instante ya pone salsa y queso sobre taquitos dorados, para luego verter también salsa, papa magullada a mano al momento y una hebra de res sobre las tortillas que llenan todo el comal, menos el centro, allí se hace la magia.
Miras fijamente como les dan una pasadita en la manteca del hondo centro del comal, vaya, una delicia, son vacaciones y te permites este gustito culinario, el olor ya hizo de las suyas, te inundó, ni cómo evitar que se haga agua la boca, se abre plenamente tu apetito y surge la pregunta obligada:
-¿Qué vende, señora?-
-Hay garnachas, enfrijoladas, patitas de puerco, de pollo, tacos dorados, tlayoyos, taquitos de huevo hervido, chiles rellenos de queso o picadillo… ¿Qué le preparamos?-. Pregunta la señora.
Te das cuenta que estás en un auténtico puesto de antojitos mexicanos, como aquel que llegaste a ver en alguna película del cine de oro que veían tus abuelitos y papás, sonríes y te animas con una orden de garnachas, una de enfrijoladas y hasta le entras a un un chilito relleno de queso, pero el chile siempre sí picó , aunque al preguntar te dijeron que casi no, entonces nace la otra pregunta:
-¿Y de tomar qué tiene, seño?- (Seño, ya no señora, señal de que ya te sientes en confianza.)
-Hay café de olla, arroz con leche, agua, refrescos, ¿qué le damos?-
Como estás «enchilado», pides algo frío, pero sí se te antojó el arroz con leche y también te animas con uno, ese será para llevar, terminas, pagas, te despides casi seguro con esta frase:
-Está todo muy rico seño, gracias.-
-Para servirle, buenas noches», responde la señora.-
Tomas rumbo al hotel, llevas el arroz con leche, te das un paseo por el parque, la neblina está cerrada, respiras hondo y piensas, «qué buena elección tomé al venir a Tlatlauqui.»




