La Semana Santa no tiene una fecha fija porque su cálculo se basa en una combinación de tradiciones judías, ciclos lunares y decisiones de la Iglesia primitiva. La muerte y resurrección de Jesucristo ocurrieron durante la celebración judía de la Pascua, que se rige por el calendario lunar. Con el tiempo, el cristianismo buscó unificar la fecha y fue en el Concilio de Nicea donde se estableció que el Domingo de Resurrección se celebraría el primer domingo después de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera.
Por eso, cada año la Semana Santa cambia de fecha dentro de un rango que va de finales de marzo a abril, ya que depende del ciclo de la luna y no de un calendario fijo como el gregoriano. Esta decisión permitió separar la celebración cristiana de la judía, pero manteniendo su referencia histórica, lo que explica por qué, hasta hoy, las fechas varían y se calculan con base en fenómenos astronómicos.



