La violencia vicaria es una de las expresiones más extremas de la violencia de género. Ocurre cuando el agresor lastima a los hijos, hijas o a personas cercanas a la mujer con el único objetivo de causarle un dolor profundo, consciente y permanente. No es un daño colateral, es una estrategia deliberada para castigar, someter o mantener el control emocional sobre ella.

Este tipo de violencia no siempre implica agresiones directas contra la mujer, pero la afecta de manera devastadora al atacar lo que más ama. Utilizar a los hijos como instrumentos de daño convierte la violencia vicaria en una forma especialmente cruel, porque destruye vínculos, genera culpa, miedo e impotencia, y deja secuelas emocionales profundas tanto en la madre como en las víctimas directas.