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El dos de noviembre se acabaría, la catrina lo sabía y muy triste se sentía, la barriga llena traía, pues en los altares de todo comía.

Un pollito ahumado apeteció, manjares de esos no hay, en su mundo el más allá, sabía que en Atempan había un señor, que los preparaba con fervor.

A pollos Mazatepec llegó, una orden a Feliciano pidió, del susto el amigo palideció, tanto que de inmediato se infartó.

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Aurelia chiles moliendo estaba, una canción feliz cantaba, de pronto alzó la mirada y de frente miró a la blanca dama.

Los ojos rápido se talló, del chile en sus manos ni se acordó, un grito despavorido soltó y muerta al piso de inmediato cayó.

Francico el ahumador, aquel grito escuchó, tremendo pavor le dió, al horno rápido se metió, el fuego sus huesos consumió, al panteón nunca llegó.

La muerte ya estaba agüitada, su orden nadie tomaba, necesitaba hablar con Karla, para que pronto el problema arreglara.

Karla a Panchita envío, atiéndela rápido por favor, de aquí te voy a ver yo, mientras más pronto mejor, no me quiero morir hoy.

Escondida a Panchita miraba, cuando con la tremenda guadaña, el alma de la chica la malora tomaba, mientras en sus brazos la cargaba.

Karlita venga pa’cá, no me la voy a llevar, dígame dónde está Don Germán y aquí se va a quedar, el negocio debe administrar, para ti no hay más allá.

Mi papá ahorita no está, no alcanzó a decir más, lo que quería la señora malora, era llevarse a la patrona, necesitana otra administradora, tras la renuncia del anima sola.

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